Red de Acequias de Aljucer, por Salvador Juan Fernández Ruiz
Una acequia es una zanja o canal para conducir agua, generalmente destinado al riego. En nuestra pequeña superficie, se han desarrollado durante siglos actividades encaminadas al cultivo de tierras para obtener frutos a través de una serie de técnicas determinadas. En nuestro caso, José Mateo Carnicer, en su “Aljucer Ensayo Histórico” (Murcia, 1977) nos cuenta:
En el caso concreto de Aljucer, sus canales toman el agua de la acequia mayor conocida como La Alquibla, Mediodía o de Barreras, que recorre la margen derecha del río Segura. Esta acequia mayor atraviesa toda la demarcación política de Aljucer, cruzando la pedanía casi longitudinalmente por el centro de la misma. En este particular, hay una serie de acequias menores que tienen su toma de agua de la de Barreras en Aljucer. Una de ellas, La Alguazas, riega infinidad de tahullas en Aljucer, también en los Garres y Algezares. La Alquibla, otra acequia menor, desemboca en un azarbe existente que riega buena cantidad de huerta con agua sobrante de esta acequia, nace en el mismo lugar que la Aljorabia, recorriendo paralelamente unos metros.
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A la vez, Aljucer contaba desde muy antiguo con siete molinos, "maquileros" movidos por fuerza hidráulica, instalados cuatro de ellos sobre la acequia mayor de Barreras, dos sobre la de Alguazas y uno sobre la del Batán, las cuales servían para que la gente fuese a molturar su grano. En la parte superior de uno de estos molinos, el Molino de Oliver, recibe sus aguas la acequia de Gabaldón, que después de un curso relativamente corto, apenas un kilómetro, vuelve a verter sus aguas en la acequia Mayor.
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Junto a ellas completan la lista las acequias de La Herrera, El Turbedal, Batán, Albatel, Junco y la de Beniaján, de las que toman sus aguas también numerosos brazales y boqueros que riegan las tierras. De este modo, se puede asegurar que no queda un solo palmo de terreno cultivable que no pueda ser regado, aunque en la actualidad las construcciones y edificios están reduciendo considerablemente el área de riego.
Respecto a otras fuentes que me han proporcionado información, la mayoría de los datos han sido aportados por la encuesta realizada a un vecino que durante la mayor parte de su vida ha cultivado sus parcelas de tierra en Aljucer. Estas indagaciones fueron hechas por mi parte al vecino de Aljucer don José Ballester González. Con su aportación y datos he conocido casos que en la actualidad pasan desapercibidos aunque algunos de ellos todavía se repiten.
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El vecino me recordó que en estas acequias menores hace menos de cuarenta años los hombres y mujeres podían bañarse, ya que la calidad y limpieza del agua era muy buena. También cuenta que no podían bañarse hombres y mujeres juntos, sino que se reunían en grupos de personas de un mismo sexo, ya que lo contrario estaba muy mal visto. Además, este vecino asegura que se podía beber perfectamente el agua de estas acequias. Aún más, se colocaban en las mismas acequias fregadores para el lavado de platos y apartados donde las mujeres lavaban la ropas, conociéndose estos lugares como "entrados". En muchas ocasiones, se reunían los hombres para la monda y limpieza de las acequias, colocando tablachos o "parás", que a la vez se aprovechaban para dejar atrapados entre dos de ellos peces y anguilas. Estos tablachos o "partiores", antes estaban realizados con sogas y cadenas, y en la actualidad son de hierro. El agua pasaba de las acequias a los brazales y de los brazales se regaban los bancales, ya que era mucha el agua que llevaban las acequias para ser conducida directamente a las parcelas de tierra.
Pese a los cambios ocurridos en los últimos años, no es muy difícil ver algunas noches grupos de hombres reunidos para el riego nocturno, cerrando unas acequias con tablachos que hacen que el agua llegue hasta el último árbol. En el último estudio, de 1992, de las 756,7 ha. de terreno, en cuanto al cultivo de frutales se estimaron unas 449,5 ha. y unas 85,3 ha. para el resto de cultivos.
Otra persona de Aljucer, Josefa Matás Zamora, nacida en 1920, ante mis preguntas aseguró que desde que tiene uso de razón recuerda como se reunía la mayoría de gente del pueblo mientras se regaban los cultivos. Al ser estas tierras cultivadas en concepto de arriendo, cuando se necesitaban más personas para el riego, la única forma de pago era trueque e intercambio de los mismos productos de la huerta. |